Trump propone usar “ciudades peligrosas” como campos de entrenamiento militar

QUANTICO, Virginia — En una reunión poco común con los altos mandos militares, el presidente Donald Trump planteó la idea de convertir algunas de las llamadas “ciudades peligrosas” de Estados Unidos en zonas de entrenamiento para las Fuerzas Armadas, en lo que describió como parte de una nueva etapa “menos políticamente correcta” dentro del Pentágono.

El encuentro, realizado en la sede de los Marines en Quantico y convocado con poca anticipación por el secretario de Defensa, Pete Hegseth, reunió a generales y almirantes que escucharon durante más de una hora un discurso cargado de mensajes políticos, críticas al expresidente Joe Biden y hasta bromas sobre el Premio Nobel de la Paz.

Silencio militar ante un discurso politizado

Acostumbrado a recibir risas y aplausos en sus mítines, Trump se encontró esta vez con el silencio rígido de los oficiales, que por protocolo evitan aplaudir o mostrar aprobación en actos de carácter político.
“Traten de relajarse un poco, ¿de acuerdo? Porque todos formamos parte del mismo equipo”, dijo el mandatario al notar la frialdad en el salón.

“Ciudades peligrosas” como escenarios de práctica

El punto más polémico de la noche llegó cuando Trump aseguró que había instruido a Hegseth a considerar el uso de urbes con altos índices de criminalidad como espacios de entrenamiento para la Guardia Nacional.
“Vamos a ir a Chicago”, mencionó, sugiriendo que ciudades gobernadas por demócratas podrían servir como terreno de maniobras en el marco de lo que describió como la defensa de la patria contra un “enemigo interno”.

Giro cultural dentro del Pentágono

El presidente y su secretario de Defensa también insistieron en que las Fuerzas Armadas dejarán atrás la “corrección política” en sus prácticas internas. Según Trump, se buscará un enfoque “más masculino” en la evaluación de capacidades físicas y una visión “neutral” respecto a políticas de diversidad.

La reunión fue interpretada por analistas como una señal clara de que la guerra cultural impulsada por Trump ya se trasladó oficialmente a la política militar, colocando a los altos mandos en la disyuntiva de adaptarse a la nueva línea o apartarse de sus cargos.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *