Por Alexander Bonilla Paz
La reconocida fotoperiodista Lynsey Addario, una de las voces más influyentes en la cobertura de conflictos armados a nivel internacional, abre por primera vez las puertas a su propia historia en el documental “Love + War” de National Geographic, ahora disponible en Disney+ y Hulu. La producción retrata no solo su trabajo en las zonas más peligrosas del mundo, sino también la compleja vida personal que mantiene lejos del frente de batalla.
Con más de 25 años de carrera, Addario ha documentado guerras y crisis humanitarias en Medio Oriente, África y Europa del Este. Ha sido víctima de secuestro, ha trabajado bajo fuego cruzado y ha presenciado el dolor de las víctimas civiles, experiencias que la han marcado profundamente y que le han valido premios como el Pulitzer. Pero detrás de esas imágenes, también existe una madre, una esposa y una mujer que intenta equilibrar el trauma de la guerra con las rutinas cotidianas de su hogar.
“El relato sobre corresponsales de guerra siempre fue muy lineal, casi heroico, y generalmente centrado en hombres,” explica Addario en el documental. “Para mí era importante mostrar otra perspectiva: la vulnerabilidad, la duda, el cansancio… y la fuerza de ser una mujer en estos espacios.”
La codirectora Chai Vasarhelyi —ganadora del Oscar y admiradora de Addario desde hace años— asegura que trabajar juntas permitió construir un retrato íntimo y honesto. “Lynsey entiende lo que implica contar una historia. Existe una conexión inmediata en la forma en que observamos y sentimos,” señaló.
La película recorre desde los inicios de Addario en el fotoperiodismo hasta su cobertura de la invasión rusa en Ucrania en 2022. Una de las escenas más impactantes muestra el momento en que fotografía a un niño andando en bicicleta mientras se escuchan disparos a la distancia. “Siempre me pregunto qué vale la pena arriesgar,” admite Addario. “La respuesta casi siempre es la misma: la gente. Los civiles.”
“Love + War” también muestra la faceta familiar de la fotógrafa: las conversaciones con sus hijos sobre el riesgo de su trabajo, las despedidas en el aeropuerto, las noches en casa tratando de reconectar después de semanas rodeada de destrucción. “No dejo atrás lo que veo en el campo, pero tampoco dejo de ser madre,” dice. “Cargo con los dos mundos.”
La película ofrece algo más que la historia de una fotógrafa: es un testimonio sobre la empatía, la memoria y la importancia de seguir contando historias en tiempos donde la guerra y la desinformación avanzan de la mano.



