Por Alexander Bonilla
Hay documentales que intentan explicar el presente y otros que intentan advertirnos sobre el futuro. The AI Doc: Or How I Became an Apocaloptimist, dirigido por Daniel Roher y Charlie Tyrell, intenta hacer ambas cosas al mismo tiempo. El resultado es una película ambiciosa, inquietante y por momentos fascinante, que busca responder una pregunta aparentemente sencilla, pero cada vez más difícil de ignorar: ¿qué ocurrirá con nosotros cuando la inteligencia artificial sea mucho más poderosa de lo que es hoy?
La película parte de una preocupación profundamente personal. Roher, quien fue director de Navalny, enfrenta el avance de la inteligencia artificial desde la perspectiva de un futuro padre. Su inquietud no es solamente qué puede hacer una máquina, sino qué clase de mundo encontrará su hijo. A partir de ahí, el documental reúne a investigadores, empresarios, historiadores y figuras destacadas de la industria tecnológica, entre ellas Sam Altman, Dario Amodei y Demis Hassabis. Netflix presenta la cinta precisamente como la investigación de un padre que intenta comprender cómo la IA podría afectar la vida de su hijo y el futuro de la humanidad.
Uno de los mayores aciertos de la película es que no se limita a presentar la inteligencia artificial como una herramienta tecnológica. La convierte en un conflicto humano. Por un lado aparecen quienes advierten sobre riesgos extremos, desde la pérdida masiva de empleos hasta escenarios mucho más difíciles de controlar. En el otro extremo están quienes imaginan una revolución capaz de transformar la medicina, el trabajo y nuestra calidad de vida. El documental intenta caminar entre ambos mundos y de ahí surge su peculiar título: Apocaloptimist, una combinación entre apocalíptico y optimista.
Pero precisamente ahí aparece su principal debilidad. La película quiere ser equilibrada, pero en ocasiones confunde equilibrio con colocar una postura junto a la otra sin profundizar lo suficiente en las pruebas que las respaldan. Algunas críticas han señalado que el documental permite que determinados entrevistados hagan afirmaciones contundentes sin someterlas a suficiente cuestionamiento. Los Angeles Times, por ejemplo, consideró que la película termina convertida en una acumulación de información y opiniones que busca avanzar con la misma velocidad que la tecnología que intenta explicar.
Visualmente, The AI Doc también intenta escapar de la estética fría que podría esperarse de un documental tecnológico. Animaciones, dibujos hechos a mano y recursos artesanales acompañan las entrevistas y buscan convertir un tema complejo en una experiencia más cercana. La decisión funciona en algunos momentos, aunque también puede resultar excesiva. La película tiene tantas ideas, voces y recursos visuales que por momentos parece luchar contra su propio contenido. El espectador recibe mucha información, pero no siempre tiene el tiempo necesario para procesarla.
Lo más interesante llega cuando el documental abandona parcialmente la discusión abstracta sobre una futura superinteligencia y comienza a hablar de los problemas que ya existen: el impacto laboral, la desinformación, los riesgos sociales, el poder concentrado en grandes compañías tecnológicas y la velocidad con la que estas herramientas están entrando en nuestra vida cotidiana. Es ahí donde la película encuentra su verdadero peso, porque el futuro deja de parecer una historia de ciencia ficción y comienza a parecerse demasiado al presente. Algunas críticas, sin embargo, señalan que esta dimensión social y económica merecía mucho más espacio.
En última instancia, The AI Doc no ofrece una respuesta definitiva —y quizá ese sea su mayor mérito—. Su propuesta es obligarnos a participar en una conversación que todavía está lejos de terminar. No es un documental perfecto ni una radiografía definitiva de la inteligencia artificial. A veces simplifica demasiado, otras veces se deja llevar por el espectáculo de sus propias preguntas y en ciertos momentos parece más interesado en provocar ansiedad que en resolverla. Pero consigue algo importante: recordar que la discusión sobre la IA no debería quedar exclusivamente en manos de programadores, empresarios o gobiernos. También es una conversación sobre nuestra sociedad, nuestro trabajo, nuestra cultura y el tipo de futuro que estamos construyendo.
The AI Doc: Or How I Became an Apocaloptimist termina, entonces, en un territorio incómodo: entre el entusiasmo y el miedo. Y quizá esa incomodidad sea precisamente la sensación que sus realizadores quieren dejar en el espectador. Porque mientras la tecnología avanza a una velocidad difícil de seguir, todavía estamos intentando decidir qué queremos hacer con ella.



