México le devuelve la ilusión a su gente durante tiempos difíciles

Por Alexander Bonilla

Manejando por la Carretera 580 de Oakland, California, me pongo a platicar con Margarita, una señora mexicana de entre 60 y 65 años que emigró a Estados Unidos cerca de sus 20 años. Para romper el hielo, me pregunta: «¿Está viendo los partidos del Mundial?». Le contestó: «Sí, algunos, porque por el trabajo solo puedo ver algunos juegos». Ella me cuenta que un joven le dijo que, por su edad, no debería estar viendo los partidos del Mundial, y me dice: «Mi edad no tiene nada que ver. Yo quiero disfrutar los partidos de México».

También, por las calles de San Francisco se miran muchos carros con banderas tricolor y el águila característica de México. Los aficionados están orgullosos de que su selección ha librado de buena forma los primeros cinco partidos del Mundial y han recuperado la ilusión con su equipo.

Para los partidos de la fase regular, entre el Oracle Park y el Chase Center, donde a menudo hay partidos de béisbol y baloncesto, casualmente había partido de los Gigantes y de las Valkyries y, en ese momento, jugaba México contra República Checa. En medio habían habilitado varias pantallas para ver el partido. Era increíble la cantidad de gente pendiente de su selección.

Así mismo, en San José, California, cerca del Levi’s Stadium, sede del Mundial, se habilitó la Fan Zone de San Pedro Square, donde la cantidad de mexicanos reunidos para ver a su selección sobrepasaba el límite de espacio del lugar.

Lo importante es cómo un proyecto deportivo exitoso puede devolver sentimientos a un pueblo complicado por temas políticos, migratorios y económicos, pero cuya ilusión se estabiliza y renace al ver los buenos resultados de su equipo nacional.

Como consecuencia, queda reflejado que el fútbol funciona como medicina para curar tristezas y puede devolver la felicidad y hacernos olvidar los problemas y dificultades que, como personas, podemos estar enfrentando.

Al final, más allá de los resultados que pueda obtener México en este Mundial, miles de aficionados ya recuperaron algo que parecía perdido: la esperanza. Durante 90 minutos, las preocupaciones quedan a un lado y el fútbol vuelve a demostrar que también tiene el poder de unir, emocionar y devolverle la sonrisa a todo un pueblo.

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