Por Alexander Bonilla
Oakland vivió una jornada cargada de emociones durante el homenaje póstumo a John Beam, reconocido entrenador comunitario y figura clave del deporte juvenil, conocido por muchos como “el padrino de Oakland”. Familiares, exjugadores, colegas y vecinos se reunieron para celebrar una vida marcada por el liderazgo, la disciplina y el compromiso social.
El acto no fue solo una despedida, sino un recuento colectivo de historias que reflejan el impacto profundo que Beam tuvo a lo largo de décadas. Entre lágrimas y risas, los asistentes recordaron anécdotas que evidencian su carácter cercano, exigente y solidario, así como su capacidad para inspirar a jóvenes que hoy son padres, profesionales y líderes comunitarios.
Quienes lo conocieron coinciden en que John Beam fue mucho más que un entrenador. Su trabajo trascendió las canchas: formó personas, fortaleció familias y abrió caminos a futuros que parecían inalcanzables. Para muchos, fue un mentor constante, incluso años después de colgar los uniformes.
El legado de Beam permanece vivo en cada vida que tocó y en los valores que sembró en la comunidad de Oakland. El homenaje cerró con un gesto simbólico que lo definía: el tradicional aplauso de equipo, recordando que, para él, nadie caminaba solo.



