Por Alexander Bonilla
El sonido constante del agua golpeando los muelles fue la primera señal de que no se trataba de un fin de semana cualquiera. Desde las primeras horas del sábado, el nivel del mar comenzó a subir más de lo habitual en distintos puntos del frente marítimo de San Francisco. Las llamadas mareas reales —un fenómeno natural que ocurre algunas veces al año— volvieron a hacerse sentir, cubriendo aceras, acercándose a comercios y obligando a peatones a cambiar su ruta habitual.
La lluvia, persistente y fría, acompañó el avance del agua. En algunos sectores, el mar se desbordó de forma temporal sobre zonas del litoral, creando escenas que mezclaban curiosidad y preocupación entre vecinos y visitantes. Para muchos, fue una postal impactante; para otros, una advertencia de lo que podría convertirse en algo cotidiano si el nivel del mar continúa en ascenso.
En medio de este escenario, el Puerto de San Francisco, a través de su Programa de Resiliencia del Litoral, se sumó al Exploratorium para conversar directamente con la comunidad. Bajo paraguas y abrigos, especialistas explicaron qué provoca las King Tides, por qué son cada vez más observadas y cómo estos eventos anticipan los desafíos que enfrenta la ciudad ante el cambio climático.
Las charlas se centraron en un mensaje claro: hoy las mareas extremas son temporales, pero en el futuro podrían coincidir con tormentas más intensas o lluvias prolongadas, amplificando sus efectos. Por eso, las autoridades trabajan en planes de adaptación que buscan proteger muelles, espacios públicos e infraestructura clave del frente marítimo.
A pesar del mal tiempo, decenas de personas se detuvieron a escuchar, hacer preguntas y observar de cerca el comportamiento del agua. Las imágenes del evento, captadas por el Exploratorium, reflejan tanto la fuerza del océano como el interés ciudadano por comprender y prepararse ante un escenario cambiante.
Cuando la marea comenzó a bajar, el agua se retiró lentamente, dejando charcos, huellas y una sensación compartida: lo ocurrido no fue solo un fenómeno natural, sino una muestra tangible de un futuro que se acerca y que San Francisco ya empieza a enfrentar.



