Por Alexander Bonilla
Lo que debía ser unas vacaciones tropicales terminó, al menos al inicio, en un inesperado recorrido por aeropuertos estadounidenses. Dos jóvenes neoyorquinas planearon viajar a Costa Rica, pero un descuido al comprar sus boletos las llevó a aterrizar en San José, California, a miles de kilómetros del destino que tenían en mente.
El error se originó al momento de la reserva. Ambas adquirieron pasajes creyendo que volaban a San José de Costa Rica, sin notar que el destino indicado correspondía a la ciudad californiana. La confusión pasó inadvertida incluso durante las escalas y el abordaje, hasta que, ya en tierra, intentaron pedir indicaciones para continuar su ruta hacia una playa costarricense.
La sorpresa fue inmediata: el personal del aeropuerto les explicó que se encontraban en la costa oeste de Estados Unidos. Sin opciones para resolver el problema de inmediato y con las oficinas cerradas, las jóvenes tuvieron que pasar la noche en un motel cercano mientras evaluaban qué hacer.
Lejos de cancelar el viaje, decidieron insistir. Al día siguiente reorganizaron su itinerario, compraron nuevos boletos y emprendieron un trayecto que incluyó un vuelo hacia Texas y una larga espera nocturna en el aeropuerto de Houston. Finalmente, lograron abordar el avión correcto rumbo a Costa Rica.
La travesía no terminó ahí. Una vez en territorio costarricense, todavía debieron recorrer varias horas por carretera hasta llegar al alojamiento que habían reservado originalmente. El costo del error fue elevado: entre nuevos vuelos, hospedajes improvisados y traslados adicionales, el gasto extra superó los 1.500 dólares por persona.
A pesar del cansancio y el impacto económico, la historia tuvo un cierre positivo. Las jóvenes consiguieron disfrutar de sus vacaciones y, con el paso del tiempo, el incidente se transformó en una anécdota que hoy relatan con humor entre amigos. Una lección clara quedó marcada en su experiencia: revisar con lupa el destino antes de confirmar cualquier boleto aéreo.



