Por Alexander Bonilla Paz
La inflación en Estados Unidos mostró una desaceleración inesperada durante el mes de noviembre, según datos oficiales del Gobierno federal, aunque el alivio sigue siendo limitado para millones de familias que continúan enfrentando precios elevados en bienes y servicios básicos.
El Departamento de Trabajo informó que el Índice de Precios al Consumidor (IPC) registró un aumento interanual del 2.7%, por debajo del 3% observado en meses anteriores y de lo que anticipaban los analistas. Se trata del primer informe inflacionario publicado tras varias semanas de retraso ocasionadas por el prolongado cierre del Gobierno.
Pese a la moderación general, algunos rubros clave continuaron presionando el bolsillo de los consumidores. Los costos de la energía aumentaron con fuerza, impulsados principalmente por el encarecimiento de los combustibles, mientras que los precios de alimentos y otros servicios esenciales se mantuvieron elevados.
Al excluir los componentes más volátiles, como alimentos y energía, la llamada inflación subyacente se ubicó en 2.6%, su nivel más bajo en más de tres años, lo que sugiere una tendencia de enfriamiento más amplia en la economía.
Expertos señalan que, aunque la desaceleración es una señal positiva, aún está lejos de traducirse en una reducción significativa del costo de vida. Además, las políticas comerciales y arancelarias vigentes siguen generando presiones que complican el panorama para la Reserva Federal.
El informe llega en un momento clave para el banco central, que recientemente redujo las tasas de interés, pero ha advertido que actuará con cautela ante los riesgos inflacionarios persistentes y la fragilidad del mercado laboral.


