Por Alexander Bonilla Paz
En un operativo reciente en aguas internacionales del Pacífico, Estados Unidos destruyó una lancha que, según sus autoridades, transportaba drogas, provocando la muerte de tres hombres catalogados como “narcoterroristas”. El ataque, que ocurrió el pasado sábado, forma parte de la llamada Operación Southern Spear, impulsada por la administración de Donald Trump para combatir el tráfico de estupefacientes en zonas cercanas a Venezuela y Colombia.
El Comando Sur del Ejército estadounidense detalló que la acción fue ejecutada por la Fuerza de Tarea Conjunta Lanza del Sur, siguiendo órdenes del secretario de Guerra, Pete Hegseth. “El buque estaba operado por una organización terrorista y fue neutralizado en el Pacífico Oriental”, señalaron en un comunicado, sin ofrecer detalles sobre la nacionalidad de los fallecidos.
Desde septiembre, esta serie de operativos ha resultado en la destrucción de más de veinte embarcaciones supuestamente involucradas en el tráfico de drogas, con un saldo superior a 70 personas muertas. La situación ha generado preocupación internacional, y diversos organismos han cuestionado la legalidad de las acciones, calificándolas como posibles ejecuciones extrajudiciales.
El incremento de operaciones militares estadounidenses también ha generado fricciones con Colombia y Venezuela, y ha encendido el debate sobre un posible avance a acciones terrestres en la región. En respuesta, el presidente venezolano Nicolás Maduro ha llamado a mantener la calma, instando a evitar provocaciones y a exigir la retirada de los buques estadounidenses cerca de sus costas.
Este último ataque coincide con la llegada del portaaviones USS Gerald R. Ford al Caribe, reforzando el despliegue militar estadounidense en la región y aumentando la tensión en un contexto ya marcado por la incertidumbre política y de seguridad en América Latina.



