Por Alexander Bonilla Paz
SAN FRANCISCO — La muerte de un gato de vecindario en la Misión ha reavivado el debate sobre la presencia de taxis autónomos en San Francisco y el nivel de control que las comunidades tienen sobre esta tecnología. El felino, conocido por los comerciantes y residentes de la calle 16, fue atropellado por un vehículo de Waymo la noche del 27 de octubre.
Vecinos colocaron velas, flores y mensajes en el sitio del incidente, convirtiendo el lugar en un punto de duelo colectivo. La reacción llevó a la supervisora Jackie Fielder a presentar una propuesta que permitiría a los votantes decidir si los vehículos autónomos pueden operar en sus condados.
Fielder argumenta que las decisiones sobre esta tecnología no deberían recaer únicamente en agencias estatales. La supervisora sostiene que los autos autónomos afectan directamente la vida diaria de los barrios, desde el tránsito hasta la relación que la comunidad tiene con sus calles.
La propuesta cuenta con el respaldo de trabajadores del transporte, quienes advierten que la expansión de taxis sin conductor representa una amenaza para empleos locales. Sin embargo, especialistas en transporte advierten que permitir regulaciones distintas por condado podría generar sistemas fragmentados y complicar el funcionamiento de redes regionales.
Waymo ofreció condolencias y anunció una donación en nombre del gato, pero la tensión permanece. Para los vecinos, el episodio no solo representa la pérdida de una mascota querida, sino un recordatorio del impacto social de la automatización urbana.



