WASHINGTON — A la medianoche de este lunes, el Gobierno federal entró en cierre oficial luego de que el Congreso no lograra aprobar una medida de financiamiento para mantenerlo en funcionamiento. Se trata del primer cierre desde 2019, y reina la incertidumbre sobre cuánto tiempo podría prolongarse.
Tanto republicanos como demócratas evitan asumir la responsabilidad del estancamiento. Los republicanos presionan por extender el financiamiento actual por siete semanas, mientras que los demócratas condicionan su apoyo a la obtención de concesiones significativas.
El Senado volverá a votar mañana por la mañana sobre el mismo plan republicano, que los líderes han prometido presentar una y otra vez hasta forzar un acuerdo.
El cierre afecta a cientos de miles de empleados federales: muchos serán suspendidos sin pago, mientras que otros considerados esenciales deberán seguir trabajando sin recibir su salario hasta que se resuelva la crisis. Algunos, cuyos puestos no dependen de asignaciones anuales, continuarán cobrando normalmente.
La magnitud y duración del cierre dependerá de si alguno de los partidos cede en los próximos días, en medio de un ambiente político marcado por la polarización.


